Prevención lesiones: cómo cuidarte antes, durante y después
¿Te duele la espalda a menudo o vuelves a sufrir la misma contractura? La prevención de lesiones no es solo evitar el dolor, es crear hábitos que impidan que aparezca. Aquí tienes pasos concretos para proteger tu cuerpo, aprovechar los masajes y mejorar tu movilidad sin riesgos.
Antes del masaje: prepara tu cuerpo
No llegues tenso a la sesión. Un calentamiento breve de 5–10 minutos —caminar, rotaciones suaves de cuello y hombros, flexiones de rodilla— facilita que el terapeuta trabaje mejor y reduce riesgo de microlesiones. Comunica siempre tus molestias, historial médico y medicamentos: si estás embarazada, con cáncer o anticoagulantes, hay técnicas y aceites que no son adecuados.
Pregunta por la intensidad que vas a recibir y pide que reduzcan la presión si sientes dolor agudo. El masaje debe incomodar un poco para liberar nudos, pero no provocar dolor punzante ni hormigueo. Si notas mareo, visión borrosa o entumecimiento, detén la sesión y avisa al profesional.
Evita alcohol antes y después del masaje; hidrátate. El agua facilita la eliminación de toxinas y reduce la rigidez posterior.
Prevención diaria: hábitos que realmente funcionan
Postura y ergonomía ganan partidos enteros. Ajusta silla y pantalla para que tus ojos queden a la altura del monitor y tus hombros relajados. Cada 30–45 minutos levántate y haz 1–2 minutos de movilidad: estiramientos sencillos, extensiones de columna o caminar un poco.
Fortalece el core con ejercicios básicos: planchas, puentes y trabajo de respiración profunda. Un tronco fuerte protege la columna y distribuye mejor las fuerzas.
Progresión en la carga: sube peso, duración o intensidad de forma gradual. Aumentos bruscos multiplican el riesgo de lesiones.
Incluye movilidad y estiramiento activo en tu rutina. No estires en frío; mejor tras un calentamiento o al final del entrenamiento. La liberación miofascial con foam roller puede ayudar, pero no pases más de 1–2 minutos por punto sensible y evita presión directa sobre huesos o ganglios.
Si trabajas con terapias alternativas (craneosacral, palliative massage, Hellerwork), infórmate sobre contraindicaciones. Los masajes paliativos y craneosacrales son útiles para dolor crónico, pero siempre deben adaptarse a tu estado de salud.
Detecta señales de alarma: dolor que empeora con actividad ligera, pérdida de fuerza, hormigueo persistente o fiebre. Busca atención médica si aparecen estos síntomas.
Programa sesiones de mantenimiento según tu actividad: personas activas o con historial de lesiones pueden beneficiarse de masaje regular cada 2–6 semanas. Combina terapia manual con ejercicio activo y descanso.
Pequeños cambios diarios —más movimiento, mejor postura, hidratación y elegir bien al terapeuta— evitan muchas visitas al médico. Cuida tu cuerpo hoy para moverte sin dolor mañana.