Terapia física: qué es y cuándo te puede ayudar
La terapia física agrupa técnicas que buscan reducir el dolor, recuperar movimiento y mejorar la función diaria. No es solo para deportistas: sirve para dolores crónicos, molestias postraumáticas, problemas posturales y recuperación tras operaciones. Si tienes rigidez, limitación de movimientos o tensión que no cede con descanso, la terapia física puede ser una solución práctica y directa.
¿Qué puedes esperar?
Una sesión suele empezar con una evaluación: el terapeuta te preguntará por tu historial, revisará movilidad y puntos dolorosos. Luego aplicará técnicas manuales (como liberación miofascial o masaje deportivo), estiramientos activos, movilizaciones articulares o ejercicios específicos. Algunas terapias complementarias que aparecen en nuestra web y funcionan dentro de la terapia física son: liberación miofascial para fascia y músculos tensos; masaje paliativo para control del dolor crónico; terapia cráneo-sacral para tensión nerviosa; y técnicas como Hellerwork o Feldenkrais para mejorar postura y movimiento.
No te sorprendas si tras la sesión sientes algo de sensibilidad: esos ligera molestia suele durar 24–48 horas y aparece cuando se trabaja tejido que llevaba tiempo tenso. Si el dolor aumenta mucho o aparecen síntomas nuevos (mareo, hormigueo intenso, fiebre), detén el tratamiento y consulta al profesional o a tu médico.
Cómo elegir y probar una sesión
Primero, define tu objetivo: aliviar dolor puntual, recuperar rango de movimiento, mejorar rendimiento deportivo o manejar una enfermedad crónica. Busca terapeutas con formación reconocida y pregunta por experiencia con tu problema concreto. Por ejemplo, si tienes problemas digestivos o abdominales, consulta por profesionales que trabajen masaje abdominal Maya; si buscas recuperación muscular tras el deporte, elige especialistas en masaje deportivo.
Pide que te expliquen la técnica antes de empezar y fija límites claros sobre la intensidad. Una buena práctica es reservar una primera sesión corta (30–45 minutos) para evaluar cómo responde tu cuerpo. Lleva ropa cómoda y comunica durante la sesión cualquier molestia. Si estás embarazada, menciona tu estado: algunas técnicas o aceites (como en aromaterapia) requieren precauciones o no son recomendadas en ciertas etapas del embarazo.
También valora el entorno: higiene, privacidad y medidas de seguridad. Para terapias más novedosas que verás en la web (fire massage, snake massage, masajes con piedras), infórmate a fondo y elige centros con protocolos claros. Busca reseñas de otros pacientes y pide referencias si tienes dudas.
Finalmente, piensa a medio plazo: la terapia física funciona mejor con constancia. Combina sesiones con ejercicios en casa y buenos hábitos posturales. Con un plan claro y comunicación abierta con tu terapeuta, notarás mejoras en movilidad, menos dolor y más control sobre tu cuerpo.