Mitos del masaje: qué es real y qué es cuento
¿Crees que un masaje lo cura todo o que cuanto más fuerte, mejor? Hay muchas ideas erróneas que confunden a quien busca relajarse o aliviar dolor. Aquí te explico de forma clara qué mitos conviene olvidar y qué prácticas sí aportan resultados reales.
Verdades frente a mitos comunes
Mito: "El masaje cura enfermedades graves." La realidad: un masaje puede reducir dolor, mejorar la circulación y ayudar a la movilidad, pero no sustituye diagnósticos ni tratamientos médicos para enfermedades graves. Si tienes una lesión, fiebre o una condición crónica, consulta siempre con tu médico antes de recibir terapia.
Mito: "Si duele, está funcionando." No. La presión excesiva puede inflamar tejidos o crear hematomas. Un masaje efectivo puede ser intenso en puntos gatillo, pero nunca debe provocar dolor agudo o empeorar síntomas. Comunica al terapeuta cómo te sientes y pide ajustar la presión.
Mito: "Todos los aceites y aromas son seguros." Algunos aceites esenciales pueden irritar la piel o estar contraindicados en embarazo. Si estás embarazada, busca información específica (por ejemplo, qué aceites evitar) y dilo antes de la sesión. La aromaterapia suma, pero hay que usarla con cuidado.
Cómo elegir bien y sacar más provecho
Pregunta por la formación y certificaciones del terapeuta, especialmente para técnicas avanzadas como cráneo sacral o liberación miofascial. Si te ofrecen terapias exóticas (masaje con serpientes, fire massage, masaje de elefante), verifica protocolos de seguridad y opinión profesional antes de probar.
Comienza con sesiones cortas si nunca recibiste masaje. Así pruebas la técnica y la presión sin arriesgar demasiado. Mantén comunicación constante durante la sesión: decir "más suave" o "más firme" ayuda a personalizar el tratamiento.
Combina el masaje con hábitos sencillos: mantén hidratación después, evita alcohol y haz estiramientos suaves. Para dolor crónico, integra masaje con ejercicio y fisioterapia; muchas veces la mejor mejora viene del conjunto, no de una sola sesión puntual.
Señales de alarma: el terapeuta que promete curas milagrosas, que presiona sin consentimiento, que no respeta higiene o que evita preguntas sobre tu historia médica. Sal de la sala si algo no te convence.
En resumen, el masaje es una herramienta poderosa para el alivio y la relajación cuando se usa con sentido común. No esperes soluciones mágicas: busca profesionales formados, comunica tus límites y elige la técnica adecuada a tus necesidades. Así aprovecharás realmente sus beneficios sin riesgos innecesarios.