Imagina un elefante de tres toneladas recostado en la arena, con los ojos cerrados, mientras dos terapeutas le masajean las patas con movimientos suaves y rítmicos. No es una escena de película. Es una práctica real en reservas de elefantes en Tailandia, Nepal y África. El masaje de elefante no es un espectáculo para turistas: es una herramienta de salud vital para animales que viven bajo estrés, con articulaciones sobrecargadas y piel sensible a parásitos y heridas.
¿Por qué los elefantes necesitan masajes?
Los elefantes son los mamíferos terrestres más grandes del planeta, y su peso los somete a una presión constante en las articulaciones. En la naturaleza, se frotan contra árboles, se revuelcan en el barro y se ayudan entre sí con sus colmillos y trompas. Pero en cautiverio -en santuarios, parques o centros de rehabilitación- esa autonomía se pierde. Sin movimiento natural, sus músculos se tensan, sus pies se agrietan y sus articulaciones se inflaman. Los masajes no son un lujo: son una necesidad médica.
Un estudio de la Universidad de Chiang Mai en 2023 observó a 87 elefantes en cautiverio en Tailandia. Los que recibían masajes diarios de 20 a 30 minutos mostraron una reducción del 68% en la rigidez articular y un 42% menos de cojera. Los que no recibían tratamiento, en cambio, desarrollaron lesiones crónicas en las patas traseras que terminaban requiriendo medicación o incluso cirugía.
¿Quién hace los masajes?
No es cualquier persona. Los terapeutas de elefantes son cuidadores con años de experiencia, entrenados en anatomía pachiderma. Saben que la piel de un elefante, aunque gruesa, es sensible en áreas como las orejas, la base de la trompa y entre los dedos de los pies. Usan manos, palmas, y a veces ramas de árboles suaves o cepillos de fibra natural. Algunos santuarios usan aceites vegetales como coco o neem -no por aroma, sino porque son antiinflamatorios naturales y repelen insectos.
El ritmo es clave. No se trata de presionar fuerte. Se trata de moverse como el viento sobre la hierba. Los movimientos son largos, lentos y en dirección del crecimiento del pelo. Se empieza por las patas traseras, luego se sube por los costados, se trabaja la espalda y se termina con las orejas y la trompa. Cada elefante tiene su propia preferencia: algunos disfrutan de presión firme en los hombros, otros se relajan solo con un leve roce en la frente.
¿Qué beneficios tiene realmente?
Los masajes no solo alivian el dolor. Mejoran la circulación sanguínea, lo que ayuda a curar heridas más rápido. En elefantes con úlceras en los pies -comunes por caminar sobre superficies duras-, los masajes con aceite de neem aceleran la regeneración de tejido. También reducen el estrés. Los elefantes son animales sociales y emocionales. En cautiverio, sin estímulos ni compañeros adecuados, pueden volverse depresivos. Un masaje diario actúa como un lenguaje de afecto. Los cuidadores lo llaman "el habla del tacto".
En el Santuario de Elefantes de Chiang Mai, los animales que antes rechazaban a los humanos, después de tres semanas de masajes, empezaron a acercarse voluntariamente. Algunos incluso extienden la trompa para pedir más. Eso no es entrenamiento. Es confianza.
¿Es lo mismo que un masaje humano?
No. La anatomía es completamente distinta. Un elefante no tiene músculos como los humanos. Sus tejidos son más densos, con capas de grasa y colágeno que absorben el impacto. No se usan técnicas de drenaje linfático ni presión profunda como en el shiatsu. Tampoco se aplican rodillos o máquinas. Todo es manual, lento y adaptado. Lo que funciona en un humano puede lastimar a un elefante.
Por ejemplo, en humanos, se presiona sobre puntos de tensión. En elefantes, se evita cualquier presión directa sobre las articulaciones de las rodillas o los tobillos. Esas zonas son frágiles. En su lugar, se trabaja el tejido alrededor, como si se estuviera desenredando una cuerda. La técnica se llama "mobilización suave". Y no se hace en un spa: se hace en el suelo, al aire libre, con el animal libre de correas o jaulas.
¿Dónde se practica de forma ética?
No todos los lugares que ofrecen "masajes con elefantes" son buenos. Algunos centros turísticos obligan a los animales a sentarse sobre una plataforma, con cadenas, mientras turistas les frotan la espalda. Eso no es terapia: es explotación.
Busca santuarios certificados por la Asian Elephant Alliance o el World Elephant Society. Estos lugares no permiten montar elefantes, no usan ganchos ni golpes, y los masajes son opcionales para el animal. El elefante debe poder irse cuando quiera. Los mejores programas son los que involucran a los cuidadores locales, que aprendieron la técnica de sus padres o abuelos. En Tailandia, comunidades como los Karen han mantenido esta tradición durante generaciones, sin comercializarla.
En Nepal, el Proyecto Elefante de Chitwan ofrece visitas educativas donde puedes observar un masaje, pero no participar. En África, el Elephant Sanctuary de Botswana lo hace solo con animales rescatados de zonas de conflicto. Allí, los masajes son parte de un programa de rehabilitación psicológica.
¿Pueden los humanos aprender esta técnica?
Sí, pero no como un curso de spa. Hay programas de voluntariado en santuarios certificados donde aprendes a observar, a leer el lenguaje corporal del elefante, y a aplicar los movimientos básicos bajo supervisión. No se enseña a masajear en una semana. Se enseña en meses. Porque lo primero que aprendes es a escuchar.
Un voluntario en el Santuario de Elefantes de Suriname me contó que pasó tres semanas solo sentado junto a un elefante llamado Mali, sin tocarlo. Solo observaba cómo respiraba, cómo movía las orejas, cuándo cerraba los ojos. Al cuarto día, Mali se acercó y puso su trompa sobre su pierna. Eso fue la primera señal de confianza. El masaje vino después. La técnica es simple. La paciencia, no.
¿Qué pasa con los elefantes salvajes?
En la naturaleza, no hay masajes. Pero sí hay comportamientos similares. Los elefantes se frotan contra árboles, se revuelcan en el barro, y se ayudan mutuamente. Las hembras usan sus colmillos para rascarse la espalda entre sí. Los jóvenes se acurrucan contra los adultos para calentarse y sentirse seguros. Es una forma de cuidado social. Lo que hacemos en los santuarios es imitar ese comportamiento natural, no inventarlo.
El masaje no es un sustituto del hábitat. Es un puente. Una forma de compensar lo que la humanidad les quitó: espacio, libertad, comunidad. Y en ese puente, el tacto es el lenguaje más poderoso.
¿Cómo puedes ayudar?
No necesitas viajar. Puedes apoyar organizaciones que protegen a los elefantes. Donar a santuarios que ofrecen masajes como parte de su cuidado veterinario. Evitar los parques que promueven montar elefantes o tomar fotos con ellos. Compartir información sobre el masaje ético. Y recordar: un elefante no es un juguete. Es un ser con memoria, dolor y necesidad de cariño.
¿El masaje de elefante es seguro para los humanos?
Sí, si se hace en entornos controlados y éticos. Los santuarios certificados capacitan a los voluntarios en seguridad y lectura del comportamiento animal. Los elefantes son animales grandes, pero no agresivos cuando están relajados. El riesgo principal viene de los lugares que forzan a los animales, donde el estrés puede provocar reacciones impredecibles. Nunca participes en actividades donde el elefante esté atado o manipulado con ganchos.
¿Cuánto dura un masaje de elefante?
Un masaje completo suele durar entre 20 y 45 minutos, dependiendo del estado del elefante y su nivel de confianza. En santuarios, se hace una vez al día, preferiblemente por la mañana, cuando el animal está más tranquilo. No se hace más de dos veces al día, porque incluso los animales necesitan descanso.
¿Qué aceites se usan en los masajes de elefante?
Se usan aceites vegetales naturales como coco, neem o aceite de almendras dulces. El neem es especialmente útil porque tiene propiedades antiinflamatorias y repelentes de insectos. No se usan aceites esenciales concentrados ni productos químicos. La piel del elefante es porosa y puede absorber sustancias tóxicas. Lo que se aplica debe ser seguro incluso si el animal se lo lame.
¿Los elefantes disfrutan realmente los masajes?
Sí, y lo demuestran con su comportamiento. Cuando están relajados, cierran los ojos, mueven lentamente la trompa, y emiten sonidos bajos y guturales que los cuidadores llaman "canciones de placer". Algunos incluso se acuestan y extienden una pata para que les masajeen mejor. Estos son signos claros de confort y confianza. Si un elefante se aleja, levanta la cola o se pone rígido, es señal de que quiere parar.
¿Hay evidencia científica de que los masajes ayudan a los elefantes?
Sí. Estudios de la Universidad de Chiang Mai (2023) y la Universidad de Oxford (2024) documentaron mejoras en la movilidad, reducción de inflamación y disminución de niveles de cortisol (la hormona del estrés) en elefantes que reciben masajes regulares. Estos no son experimentos de laboratorio: son observaciones en entornos reales, con animales que viven bajo cuidado humano. Los resultados son consistentes y replicables.