Técnicas de ventosa: qué son, cómo funcionan y cuándo probarlas
La terapia con ventosas —o cupping— deja marcas redondas que asustan, pero no son heridas: son señales de que la circulación local ha cambiado. Se usa desde hace siglos para aliviar dolor muscular, mejorar la movilidad y liberar tensión. Si nunca la has probado, conviene saber qué técnicas existen, qué esperar y cómo elegir un buen profesional.
Tipos de ventosa y en qué se diferencian
Hay varias formas de aplicar ventosas. Las principales son:
- Ventosas de fuego: el terapeuta calienta el interior de la copa con una llama para crear succión. Es la técnica clásica y exige experiencia para evitar quemaduras.
- Ventosas de succión manual o de bomba: usan una válvula y una bomba para controlar la presión. Son más seguras y fáciles de ajustar.
- Ventosas de silicona o de goma: se presionan y se colocan sin equipos. Permiten mover la copa sobre la piel para un efecto de masaje.
- Ventosa húmeda (hijama o sangría): se practican pequeñas incisiones superficiales antes de aplicar la ventosa para extraer una mínima cantidad de sangre. Es una técnica distinta con más riesgos y debe realizarla personal formado.
Cada método busca aumentar el flujo sanguíneo y relajar la fascia y músculos, pero la intensidad y la sensación cambian mucho entre uno y otro.
Qué esperar, beneficios y cuidados prácticos
Antes de la sesión, pregunta si el terapeuta tiene formación y pide que te expliquen el protocolo. La sesión suele durar 10–30 minutos por zona. Notarás succión y presión; puede dar sensación de calor o tirantez. Al quitar la ventosa quedan marcas rojizas o moradas que duran entre 3 y 10 días.
Beneficios que suelen reportar las personas: alivio del dolor muscular, mayor movilidad, reducción de tensión y sensación de relajación. Para deportistas puede acelerar la recuperación, y en casos de contracturas ayuda a liberar tejido endurecido.
Cuidados simples tras la sesión: evita baños demasiado calientes las primeras 24 horas, hidrata la piel con crema o aceite neutro y descansa. No te expongas a frío extremo justo después. Si hay dolor agudo, inflamación que empeora o signos de infección, consulta a un profesional de la salud.
Contraindicaciones comunes: embarazo (según zona), piel dañada, problemas de coagulación, uso de anticoagulantes y ciertas enfermedades crónicas. Si tomas medicamentos o tienes dudas, consulta a tu médico antes.
Para elegir un centro: revisa reseñas, pregunta por la formación del terapeuta, qué materiales usan y si ofrecen explicaciones claras sobre riesgos y expectativas. Evita centros que prometan curaciones milagrosas o que no permitan preguntar antes del tratamiento.
Si quieres probar en casa, opta por ventosas de silicona y empieza con sesiones cortas en áreas no delicadas. Pero lo más seguro es una sesión con un profesional la primera vez. La técnica puede ayudar mucho si se aplica con criterio y con cuidados básicos después.
¿Te interesa alguna técnica en particular? Dime cuál y te cuento cómo elegir el mejor tipo según tu necesidad.