Hammam: qué es, beneficios y qué esperar en tu primera visita
¿Te apetece probar algo distinto que relaje y limpie la piel a la vez? El hammam —también llamado baño turco o baño árabe— combina vapor, exfoliación y masaje en un ritual que lleva siglos cuidando el cuerpo. No es solo calor: es un proceso pensado para soltar tensiones, mejorar la circulación y dejar la piel suave.
Qué es y cómo funciona
El hammam suele seguir tres fases claras: entrar en salas de vapor a diferentes temperaturas, recibir una exfoliación (con guante llamado kese) y aplicar jabones o mascarillas como el beldi, para terminar con aclarados y, en muchos casos, un masaje. Todo ocurre en un ambiente húmedo y cálido que abre los poros y facilita la limpieza profunda.
Los beneficios más habituales que notarás son piel más limpia, sensación de ligereza muscular, reducción del estrés y mejor circulación. También ayuda con la congestión nasal y puede mejorar el sueño cuando se hace con calma.
Consejos prácticos antes de ir
Ve preparado: bebe agua antes y después para reponer líquidos; evita comidas copiosas y el alcohol; y si tienes problemas cardíacos, presión alta, embarazo o piel muy sensible, consulta con un profesional antes de reservar. La sesión típica dura entre 45 y 90 minutos según el servicio.
Sobre la ropa y la etiqueta: en muchos hammams se usa pareo o toalla y, según la tradición del lugar, puede haber zonas mixtas o separadas por género. Es habitual ducharse antes de entrar. Mantén el volumen bajo, respeta los tiempos del terapeuta y, si recibes exfoliación, avisa si la piel está irritada o tienes heridas.
Si es tu primera vez, pide al personal que explique cada paso: cuánto tiempo estarás en cada sala, si te harán exfoliación con fuerza moderada y qué incluye el masaje final. Un buen hammam te dará opción a tratamientos adicionales (mascarillas, aceites) y te dirá cuánto tiempo dejar cada producto.
Para elegir un buen hammam fíjate en la limpieza, en la profesionalidad del personal y en reseñas reales. Pregunta por la procedencia de los productos (un jabón beldi auténtico o aceites de calidad marcan la diferencia). Evita sitios donde parezca demasiado apresurado: la experiencia necesita tiempo para ser efectiva.
Después de la sesión notarás la piel suave y una sensación de calma. Evita exfoliar de nuevo las siguientes 24-48 horas y aplica una crema hidratante si tu piel se siente seca. Si tienes dudas sobre contraindicaciones o medicamentos, consulta a tu médico.
En resumen: el hammam es una experiencia sensorial y terapéutica sencilla de disfrutar si vas informado. Con unos pocos cuidados antes y después, puedes convertirlo en un hábito regular para cuidar la piel y reducir el estrés.