Beneficios del Amma: qué esperar y por qué funciona
¿15 minutos y menos dolor? El Amma puede lograrlo. Es una técnica japonesa de masaje que usa presiones, golpecitos y fricciones sobre puntos clave. Se aplica sentado o en camilla y busca devolver movilidad, calmar la tensión y activar la circulación sin sesiones largas ni aceites.
¿Qué es el Amma?
Amma viene de la tradición japonesa y mezcla movimientos profundos con técnicas de acupresión. El terapeuta presiona puntos musculares, realiza amasamientos y percusiones para liberar nudos y restablecer el flujo de sangre y energía. Muchas sesiones son cortas y directas, por eso es ideal para quien tiene poco tiempo.
Se distingue del masaje relajante porque es más firme y dirigido: no busca solo relajar, busca corregir bloqueos y mejorar función muscular. También se emplea en versión de silla para oficinas y eventos, lo que facilita recibirlo incluso en el trabajo.
Beneficios reales y prácticos
Alivio de la tensión en cuello y hombros: presiones y amasamientos reducen la rigidez que aparece tras horas frente al ordenador.
Menos dolores de espalda: al soltar puntos gatillo se mejora la movilidad lumbar y disminuye el dolor crónico leve o puntual.
Mejora de la circulación: las fricciones rápidas movilizan sangre y linfa, ayudando a reducir sensación de piernas cansadas y favoreciendo la recuperación muscular después del ejercicio.
Reducción del estrés y la ansiedad: el trabajo sobre puntos específicos activa respuestas de relajación, baja la tensión y mejora el descanso nocturno en muchas personas.
Mayor rango de movimiento: al liberar tensiones localizadas es más fácil mover cuello, brazos y torso sin molestias.
Practicidad: sesiones cortas (15–30 min) y la posibilidad de realizarlo en silla lo hacen accesible para pausas laborales o antes de una actividad física.
Además, el Amma puede complementar otras terapias como fisioterapia o trabajo postural, potenciando resultados sin invasión ni medicamentos.
¿Cada cuánto? Para tensiones agudas, 1–2 sesiones por semana; para mantenimiento, una cada 2–4 semanas suele bastar. Ajusta según tu respuesta y el profesional.
Precauciones: evita Amma si tienes fiebre alta, trombosis venosa profunda, infecciones en la piel, heridas abiertas o fracturas recientes. Comunica siempre enfermedades crónicas, medicación anticoagulante o embarazo: en esos casos el terapeuta adaptará la presión o desaconsejará la técnica.
Cómo elegir a un buen profesional: busca certificación en técnicas japonesas o shiatsu/Anma, lee reseñas y verifica que el terapeuta realice una valoración previa. Si sientes dolor intenso durante la sesión, díselo al instante.
Si quieres probar algo rápido y efectivo para el estrés y las molestias del día a día, el Amma es una opción directa y práctica. Pruébalo en una sesión corta y evalúa cómo responde tu cuerpo.